SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

“Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones.” 2ª.Co 1,22 , Ef 1,13 , 4,30.

La confirmación es el sacramento por medio del cual recibimos al Espíritu Santo, quien nos da fortaleza y valor para proclamar nuestra fe ante los demás, con nuestras palabras y con el ejemplo de nuestras vidas.
El sacramento de la confirmación constituye junto con el Bautismo y la Eucaristía, los “Sacramentos de Iniciación Cristiana”. Es necesario recibir este sacramento para obtener la plenitud de la gracia bautismal.

En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado para realizar su misión de salvación. Esta plenitud del Espíritu debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico. En repetidas ocasiones, Cristo prometió esta efusión del Espíritu ( Lc. 12,12 Jn. 3, 5-8 7,37-39 16,7-15 Hch 1, 8) promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20, 22) y luego de manera más manifiesta el día de Pentecostés (Hch 2, 1-4). 

Los apóstoles llenos del Espíritu Santo, comienzan a proclamar “las maravillas de Dios” y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos. Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo.

Los apóstoles en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de manos, el don del Espíritu Santo. Es esta imposición de las manos la que ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés.

Muy pronto para significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de “cristiano” que significa “ungido” y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que “Dios ungió con el Espíritu Santo”. Por medio de esta unción, el confirmado recibe la “marca” o sello del Espíritu Santo.

Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (Juan 6, 27.) El cristiano también esta marcado con su sello: “Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones.” (2ª. Co 1, 22 , Ef 1,13 , 4,30). Este sello del Espíritu Santo marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (Ap. 7, 2-3 9,4 Ez 9, 4-6.)

Efectos de la Confirmación:

El efecto de este sacramento es la efusión plena del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los apóstoles en día de Pentecostés. Por lo tanto confiere:

  • Crecimiento y profundidad a la gracia bautismal.
  • Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir “Abba Padre” (Rm. 8,15.)
  • Nos une más firmemente a Cristo.
  • Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo.
  • Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia.
  • Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe.

Todo bautizado, puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación.
Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado. Hay que prepararse con una oración mas intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias del Espíritu Santo. Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.
El Ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo. Aunque el Obispo puede por razones graves, conceder a presbíteros la facultad de administrar este Sacramento.
Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier presbítero debe darle la confirmación.